Aunque algunas cosas nos muestren un camino difícil, siempre está la Esperanza: Feliz 2009
Los días como este la nostalgia navega por aguas turbulentas, los recuerdos se agolpan todos en una sola esquina y todos al mismo tiempo hacen señas para ser vistos, para ser tenidos en cuenta, para no ser olvidados, para ser atendido casi con urgencia.
Claro, el cuerpo es sólo uno, también la cabeza, y la atención como siempre, dispersa. Estos factores hacen que de uno en uno vayamos ordenando primero, y atendiendo después a los afectos, los momentos, las personas, las situaciones, los pensamientos y a los que afectan indirectamente nuestras vidas. Es así que por salud mental decidí:
Omitir a los políticos (aunque sólo los llamo así con el objeto de que puedan reconocerlos, pues la política es una noble actividad).
Excluir a la justicia (aunque respetemos a las instituciones y creamos en el orden que dan las leyes, tenemos algún reparo con los hombres que deben cumplirlas y hacerlas cumplir).
Descartar a los llamados piqueteros (a quienes respeto y defino como ciudadanos que intentan recuperar, construir o reconstruir su rol de eso, de ciudadanos; aunque a veces se olvidan que una vez que se recupera su rol hay que reconquistar la institucionalidad, y no tratar de reemplazarla).
Suprimir a las malas costumbres ciudadanas (esto encuadra a los que conducen mal sus autos, los que utilizan el espacio público de manera que afecta a todos, y no nos referimos sólo a los vendedores ambulantes sino también a aquellos que hacen sus necesidades -pis o caca o, pis y caca- en plena vía pública, a los que hacen caso omiso de las normas de urbanidad, a los que no tienen en cuenta que esta es una urbe –ciudad- y no el campo y se manejan como si lo fuera, y a otras muchas malas costumbres).
Prescindir de los que se aprovechan de nuestras necesidades espirituales y materiales (representantes o creadores de nuevos cultos, hermandades, manos santas, hechiceros, brujos, agrupaciones que duplican o tratan de reemplazar a alguna ya existente; y a los detractores de la cultura de los pueblos…).
Apartar a los discriminadores y a los lucran con esto, con la discriminación, (haciendo las veces de defensores, otras de intérpretes, de representantes de los discriminados, de los supuestos discriminados, de los autodiscriminados y a los que discriminan desde esos fueros para pasar desapercibidos, aquellos que encontraron la oportunidad de meterse en todo y desvirtuar algunas muy respetables formas de cuidar lo que está bien discriminando, eligiendo ser lo que son o lo que quieren ser. Los santiagueños sabemos de eso).
La lista de omitidos es enorme y puede seguir hasta el infinito con lo cual voy a relatar una situación que me tocó vivir hace unas horas.
Ayer hablaba con un amigo entrañable y antes de despedirme me salió del alma desearle que el próximo año recuperara todo lo que había perdido y consiguiera todo lo que anhelaba, claro, ahí me di cuenta de que había cometido un error, por desearle lo mejor había despertado en él la siempre latente nostalgia por los buenos tiempos, me di cuenta cuando mi amigo me reclamó diciendo ¿y eso me desea? ¡sós cruel no!. Acto seguido, señalando con el dedo índice, me pregunta ¿vos crees que yo recuperaré la tranquilidad perdida ante tanta saña delictiva? ¿vos crees que la solidaridad social que yo conocí de chico vuelva a nacer? ¿vos crees que los que los grandes líderes de mi juventud vuelvan y nos den otra oportunidad?, ¿vos crees que la sensación del noviazgo, el casamiento, el nacimiento del primer hijo y del segundo…, se pueda recuperar? ¿vos crees que…? y así me lanzó una larga lista de cosas perdidas, claro que no eran cosas perdibles e irrecuperables cuando uno las deseaba, pero ahora que lo pasamos en limpio yo también estoy nostálgico.
Cuando de nostalgia se habla no sólo nos referimos a cosas del pasado, también lo hacemos con cosas del futuro, o lo que para nosotros todavía es futuro y que otros han alcanzado, en referencia a países, instituciones, personas, etc. Lo que siempre está presente, o debiera estarlo, es la esperanza que es más que una palabra o expresión de deseo, es un concepto que se construye en sociedad, entre todos, nos involucra a todos. Entonces lo que queda es una convocatoria para el 2009 a recuperar la esperanza, para los que la han perdido, a construirla, a los que nunca la tuvieron y a practicarla a aquellos que siempre esperan y mantienen intacta la ilusión de que su tiempo puede ser hoy, o mañana, o pasado.., pero que siempre esperan.
Feliz año 2009: Ghandi
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