Nuevas tendencias culinarias y el eterno clásico del pollo: de la cocina viral a la mesa familiar
La organización semanal de las comidas suele ser el gran desafío de la vida moderna, un dilema que la escritora y creadora de contenido gastronómico Maxine Sharf ha decidido abordar con una lógica implacable en su obra debut. La mayoría de los libros de cocina tradicionales se estructuran por categorías de alimentos: guarniciones, platos principales o postres. Sin embargo, en Maxi’s Kitchen: Easy Go-To Recipes to Make Again and Again, que saldrá a la venta el próximo 3 de marzo bajo el sello Clarkson Potter, Sharf propone un enfoque diferente, organizando los capítulos según los días de la semana y el estado de ánimo que estos conllevan.
Una filosofía basada en el ritmo semanal
Según explica la autora, el ritmo natural de la semana determina o impacta directamente en lo que uno tiene ganas de cocinar y comer. Habiendo trabajado en el mundo corporativo durante casi una década, Sharf entiende que un lunes la cena necesita ser algo súper rápido, saludable y fácil. Su historia personal resuena con muchos: aunque siempre amó la cocina, no fue hasta que la despidieron de su trabajo en ventas tecnológicas que comenzó a generar contenido culinario a tiempo completo. A la mañana siguiente de perder su empleo, grabó tres videos y nunca miró atrás; hoy acumula millones de seguidores en Instagram, YouTube y TikTok.
A medida que los lectores avanzan por el libro, las recetas cambian desde preparaciones con pocos ingredientes hacia proyectos más elaborados. Un martes puede incluir el pastel de pollo a la sartén de su madre o el jjigae de su abuelo, mientras que el jueves invita a platos más indulgentes como unos macarrones con cuatro quesos. Los sábados quedan reservados para desafíos como fideos chinos estirados a mano. Esta diversidad refleja su herencia mixta, con una madre coreana-china y un padre judío de Europa del Este, además de la influencia italiana adquirida en sus viajes.
El chili de pollo como protagonista del martes
Como adelanto al lanzamiento, Sharf compartió una receta ideal para el capítulo de los martes: un cremoso chili de pollo blanco. Es un plato reconfortante que se resuelve en una sola olla, perfecto para quienes buscan contraste de texturas y temperaturas. La autora sugiere darle un toque cítrico con lima y vestirlo con queso rallado, nachos triturados, palta y cilantro fresco. Es un ejemplo claro de su estilo: ligero pero con notas indulgentes, diseñado para repetirse durante todo el invierno sin aburrirse.
El salpicón: la respuesta infalible para alimentar a una multitud
Siguiendo esta línea de platos prácticos y rendidores que resuelven la logística familiar, aparece una opción que nunca pasa de moda en la mesa argentina y que compite en versatilidad con cualquier propuesta moderna: el salpicón de ave. Más llenador que una ensalada Caesar y completamente a prueba de principiantes, este plato se destaca por su capacidad de multiplicar los ingredientes. Con apenas dos pechugas pueden comer hasta ocho personas, lo que lo convierte en un aliado indiscutible de la economía doméstica.
Lo interesante del salpicón es que invita a la creatividad y permite aprovechar lo que hay en la heladera. Se puede preparar con el pollo al horno o a la parrilla que sobró del día anterior, o con ese pollo hervido que se usó para el caldo y que a veces resulta difícil de ubicar en otro plato. Además, funciona excelente como relleno para tacos, sándwiches o rolls, y se adapta tanto como entrada o plato principal, sirviéndose tibio o frío.
Ingredientes y preparación para el éxito
Para quienes no se dan mucha maña en la cocina y necesitan una guía garantizada, la base de un buen salpicón incluye dos pechugas deshuesadas, dos papas (o papines), tres huevos duros, 300 gramos de tomates cherry, chauchas y zanahorias ralladas. Un toque distintivo puede ser agregar tomates desecados hidratados en aceite y albahaca. La clave está en la cocción de la carne: se recomienda retirar la piel de las pechugas y cocinarlas en una cacerola con agua, sal gruesa y laurel. Cuando rompa el hervor, se apaga el fuego y se deja reposar hasta que se enfríe en el mismo líquido; esta cocción pasiva asegura que la carne no se seque. Una vez frío, se corta en láminas finas.
Por otro lado, las papas se cocinan con piel hasta que estén tiernas y luego se sumergen en agua helada para cortar la cocción. Todo se mezcla en un bol grande o ensaladera. Si se busca variar, las papas pueden reemplazarse por arroz o sumar otros vegetales como espárragos o granos de choclo.
El secreto está en el aderezo
El toque final que levanta el plato es el aliño. Se prepara mezclando cuatro cucharadas de mayonesa, jugo de limón, tres cucharadas de aceite de oliva, media taza de perejil fresco picado, una cucharadita de mostaza y una pizca de ají molido, salpimentando a gusto. Si se prefiere algo más liviano, se puede omitir la mayonesa y utilizar solo aceite de oliva. Al momento de servir, los huevos duros cortados al medio coronan una preparación que, al igual que las recetas de Sharf, demuestra que la cocina casera no tiene por qué ser complicada para ser deliciosa.